jueves, 30 de enero de 2014

Podcast: Algunos álbumes de 1979





Como coincidió con mi adolescencia, la segunda mitad de los 70 me pareció apasionante a nivel musical. Treinta y cinco años después sigo pensando que fue un momento único, más allá de su papel como banda sonora de mi época teen. Propició una serie de cambios y movimientos que fueron transformando la música pop de un modo bastante radical. 1976 fue el año de los Ramones, Patti Smith y otros artistas emergentes de Nueva York. 1977 fue al año del punk. 1978 fue el de la nueva ola. Y 1979 fue cuando todo lo que había ocurrido en los tres años anteriores empezó a mezclarse y a ofrecer nuevas posibilidades sonoras (Llegados a este punto conviene aclarar que a España este tipo de asuntos no llegaban en tiempo real, había un cierto delay que podía ser incluso de semanas). La música disco y los ritmos funkies empezaron a mezclarse con el rock, al igual que la música jamaicana. Surgieron nuevas formaciones que empezaron a experimentar con la electrónica siguiendo los pasos de Kraftwerk, Giorgio Moroder  y Suicide. Como resultado fueron apareciendo una serie de álbumes que se convirtieron en clásicos por diferentes motivos. Cada uno seguía su propio camino estilístico, creando una tendencia que también marcó a 1980, un año que por aquel entonces nos parecía de lo más moderno porque daba la sensación de que con esas cifras íbamos a entrar en una nueva era. Y en cierto modo, así fue, al menos en lo que a música pop se refiere.





Este podcast de Nada especial está dedicado a algunos de esos álbumes. Intenté elegir los menos obvios o recurrentes, aunque reconozco que Unknown Pleasures de Joy Division no podía faltar. Por razones de duración (nunca consigo calcular bien los tiempos, incluso cuando me pongo a sumar minutos y segundos) se quedó fuera uno de mis álbumes favoritos de 1979, Metal Box, de PiL

martes, 28 de enero de 2014

"The Velvet Underground", el libro de las perversiones






No es difícil imaginar a Lou Reed y John Cale en 1965 echándole un vistazo a The Velvet Underground antes de que decidieran llamar así al grupo en el que ambos estaban por aquel entonces. El interés por lo que contaban aquellas páginas debió de ser inmediato porque, aunque durante años se ha dicho que este libro era un novela semipornográfica, la realidad resulta mucho más sabrosa aún. The Velvet Underground era un ensayo realizado bajo una coartada periodística, a través del cual Micahel Leigh descubría, entre perplejo y asqueado, todo un submundo de relaciones sexuales practicadas en secreto por miembros de la feliz clase media americana de principios de la década de los 60. Un entramado que conforma ese terciopelo subterráneo al que hace referencia el título. Evitando ser explícito, pero dirigiendo el texto siempre hacia el morbo, el autor nos muestra cómo, en la Norteamérica de 1963, tan solo un poco antes de que la sexualidad fuera objeto de una revolución, el vecino y la vecina de la puerta de al lado ponen en práctica sus fantasías sexuales. Quizá fue por el tono ambiguo con el que Leigh va explicando sus descubrimientos, que Lou Reed se refirió a él como “el libro guarro más divertido que he leído nunca”.





Leyéndolo, Reed debió sentir que todo aquel inframundo documentado por Leigh (que no deja de insistir en el texto que él no es médico, que solo es un cronista) formaba parte del tejido humano que iba a formar parte de sus letras. Los personajes reales que aparecían en el ensayo podrían ser, por ejemplo, los protagonistas de "Venus In Furs", que ya estaba escrita cuando el libro llegó a manos del músico. No obstante, así como Reed nunca juzgó a sus personajes, y se limitó a revestirlos con poesía y mostrárselos al mundo, la posición de Leigh es muy diferente. Su libro nació por azar, al ver un anuncio en una revista que hablaba de un “club para gente poco convencional” interesada en intercambiar información sobre “cosas extrañas””. Tras escribir a la dirección señalada, la contestación que recibió le convenció de que aquella no era una asociación que buscara intercambiar fotos de países exóticos sino otra cosa. Decidió seguir adelante y poco después recibía la carta de un matrimonio que buscaba intercambiar relaciones sexuales con otras parejas. Seis meses después acumulaba más de 500 ofertas. Esto, que hoy podría producir risa dada la facilidad con la que pueden establecerse contactos sexuales a través de internet,  escandalizaba en una época en la que los tabúes sexuales eran mucho más poderosos. 











 Lou Reed, Sterling Morrison, John Cale y Angus McLise, 1965


The Velvet Underground nos muestra a dominadoras que humillan a sus maridos, de maridos que contemplan con placer cómo su mujer se acuesta con otros hombres o mujeres y de parejas que participan en orgías. Le descubre al lector lo que es un dildo y cuáles son sus utilidades, así como las de una gran variedad de fetiches. Relata contactos personales y epistolares como el que mantuvo su autor con la organización The Homosexuals of the World que aboga por la homosexualidad como alternativa para frenar la reproducción. Y revela también que existen instantáneas de hombres y mujeres que se dejan fotografiar practicando sexo, y mujeres que lo hacen con sus perros y… Con un tono que juega a confundir ética y moral, el autor describe un panorama que le lleva a definir el texto como “informe sobre la decadencia moral”. Leigh jamás pudo imaginar que, por culpa de un grupo de rock & roll ruidoso que decidió llamarse como su libro, esa decadencia moral iba a propagarse todavía más. Fue Tony Conrad, uno de los cineastas y músicos de vanguardia que tocó con Reed y Cale entre 1964 y 1965, quien encontró un ejemplar del libro en una calle del Bowery y lo llevó al loft que compartía con ellos. También hay una versión que dice que fue Angus McLise, primer batería del grupo, quien dejó una copia en la casa de Ludlow Street. Sterling Morrison declaró años más tarde que lo que les empujó a coger el nombre fue el hecho de que incluía la palabra underground, un término con el que el grupo estaba muy familiarizado gracias a sus actuaciones en pases de películas de vanguardia.





El libro fue publicado en Inglaterra en 1967 con la misma portada pero con el título Bizarre Sex Underground (Anihilation Press, rama literaria de Creation, lo reeditaría en 1991 con su título original). Un año más tarde vio la luz su continuación, The Velvet Underground Revisited, pero es muy probable que Leigh nunca llegara a conocer el calado que tuvo su obra. Según explicó Reed en una entrevista en 1968, antes de dar un concierto en Filadelfia el grupo se enteró de que la hija del autor estaba entre el público. La buscaron para pedirle que su padre les firmara su ejemplar y ella, indignada, les contestó que había fallecido recientemente a causa de un cáncer.